jueves, 22 de junio de 2017

Bocanada bocatodo


Bocanada bocatodo (2016)
Técnica: acuarela y acrílico

viernes, 9 de junio de 2017

¡Por Dios!


American Gods: virtudes del formato audiovisual veRsus el libro
Por: Carla Miranda

                           
“Una cuestión que siempre me ha intrigado es qué sucede con los seres míticos cuando la gente emigra fuera de su tierra natal. (...) Una vez se me ocurrió preguntar por qué esos seres no se encuentran en Norteamérica, y mis informantes (…) dijeron: “Les asusta cruzar el océano, la distancia es demasiado grande”, y señalaron también que Jesús y los apóstoles jamás pusieron un pie en Estados Unidos.”
Richard Dorson (1971): A Theory for American Folklore. American Folklore and the Historian,
University of Chicago Press

El reciente estreno en abril de 2017 de la serie American Gods por Starz trae una propuesta extraña y con explosión de color a la televisión. Está basada en la novela del mismo nombre del escritor británico Neil Gaiman. El bestseller fue publicado en el año 2001 con reedición por el 10° aniversario de la obra con cambios y correcciones -dicho por el autor en el prólogo “es unas doce mil palabras más larga”- en 2011. Definitivamente es una serie muy esperada por los fans de culto del mundo Gaiman.
Descubrí a Neil Gaiman por un video que me pasó un amigo una vez que estaba un poco bloqueada creativamente. Me hechizó cómo habla, recita y rima. El video era de un discurso en el que daba consejos y motivaba a artistas que se egresaban de Artes a crear: “Make good art” (Haz buen arte). Y es un consejo que me sirvió mucho en lo personal: “creá los días buenos y los malos también”. Después llegué al comic Sandman y me enamoré de cómo escribe. Me fascinaron los mundos que crea. Miré la película de animación Coraline y leí el libro (no me importó que la vendedora de la librería me dijera que era una novela juvenil). Y también miré Stardust. Un día, un crítico en la radio comentó sobre el libro American Gods, nombró a Gaiman y yo paré la oreja como un perro que escucha un llamado. A los pocos días estaba de paseo por la librería Entelequia. Nos encontramos entre bateas con luz divina, nos vimos y nos fuimos a casa juntos.
No me decepcionó el libro. Me gustó que saliera con una propuesta para público adulto. Y si bien la traducción no era muy buena –me dio la sensación de que estaba traducido muy literal- era muy visual. Es muy descriptivo. Los personajes, lugares y sueños me los imaginaba en dibujos con movimiento. Los dioses me parecían verosímiles: -¡Tienen que hacer la película! No, no… mejor una mini serie, pensé.
Cuando me enteré por posts del autor en su blog de que había aceptado el proyecto para hacer la serie se imaginan mi emoción. Me convertí en una especie de cura evangelizador recomendándoles a todos mis amigos y familia que lo leyeran.
¿De qué trata el libro? La trama gira alrededor de lo que le pasa a Shadow Moon (Ricky Whittle) después de salir de la cárcel. Unos días antes de cumplir la condena de tres años su esposa, Laura (Emily Browning), muere en un accidente de autos. Lo liberan antes para que pueda ir a su velatorio. En el aeropuerto conoce a Wednesday (Ian McShane) quien le ofrece trabajo en un encuentro que parece casual, pero después va revelando que conoce cosas del pasado de Shadow. El género mezcla ciencia ficción, con fantasía y algo de terror. Los capítulos están divididos entre dos historias: la aventura de Shadow (de la mano del timador Wednesday) y cómo fueron migrando los dioses antiguos hasta Norteamérica.
Dioses antiguos -sobreviviendo como pueden- contra los dioses modernos en la geografía norteamericana y los sueños, siempre presentes en sus relatos. Este contexto de ficción le sirve a Gaiman para hablar de la inmigración, la puja entre lo viejo y lo nuevo; y hacer una reflexión o crítica a la sociedad de consumo ¿Qué veneramos o qué cultos profesamos actualmente? Dinero, tecnología y medios de comunicación.


¿Qué le puede atraer al que no leyó el libro? En lo visual la serie sorprende y mucho ya desde la apertura con un tótem posmoderno con luces de neón. Es impactante en la fotografía y efectos especiales. Acá podemos decir que hicieron “buen arte”. En el estilo tiene mucha huella de Bryan Fuller y de David Slade (conocidos por la película Hannibal) con escenas de sangre en cámara lenta y momentos de violencia extrema (como con la pelea/sacrificio con que arranca el primer capítulo de la serie).
El casting muy variado con actores conocidos y caras nuevas, creo que los va a seducir. Puede resultar un poco lenta al principio y difícil de detectar para donde va la trama. Si tienen paciencia puede llegar a atraparlos por lo onírico, la mitología y lo extraña que es.


¿En qué no defrauda a los lectores? La forma de contar las dos historias es bastante fiel al libro, vale la pena que lo hayan trasladado al mundo audiovisual. Quizás puedan ser un poco chocantes las escenas de desnudos forzados y sangre. Por otro lado, creo que van a amar –al igual que los neófitos- la fotografía y actuaciones como las de Ian McShane y Guillian Anderson (Media, era la agente Scully en X Files). Personalmente me cuesta empatizar con el actor que interpreta a Shadow en la serie, no sé si es porque lo opacan los actores más experimentados, la ropa le queda muy ajustada o le falta trabajar el personaje. La banda sonora es interesante pero rara a la vez, en ciertas escenas parece puesta por capricho de director al estilo Tarantino. Los efectos especiales, sobre todo en los sueños de Shadow y en los dioses modernos como Mr World (Crispin Glover), son espectaculares. Superan y enriquecen lo que imaginaba en la lectura. En definitiva American Gods es un manjar para los ojos y la imaginación, pero sin libro no habría cena.



GAIMAN, Neil (2013): American Gods. Edición X Aniversario, Avellaneda: Rocaeditorial.

martes, 6 de junio de 2017

Adiós

Renació. Abrió los ojos y la luz encandiló su mirada. Tomó una bocanada larga, se dio vuelta  y se sentó. Tosió y escupió agua. Tocó el piso. Era húmedo y frío. Arena blanca como marfil. Una ola le tapó las piernas. Giró su cabeza de izquierda a derecha trataba de comprender dónde estaba. Recordaba que anoche estaba en un barco. Era una fiesta. Gente que reía y chocaba sus copas. Apretó la vista y se masajeó la frente con la mano izquierda. Una discusión. Recordó resbalarse en la cubierta de popa. Recordó el golpe y luego la arena. De repente una luz intensa se asomó en el horizonte. Un amanecer color violeta. Se paró torpemente. Admiró el mar. Sintió la brisa. Caminó adentrándose en el mar con los brazos extendidos en dirección al sol. Las olas cubrieron su cuerpo hasta la cabeza. Se vio un destello azulino muy fuerte. Fugaz. Una gaviota voló hacia el oeste.

jueves, 1 de junio de 2017

Velada en tiempo pasado

Por Carla Miranda
Domingo, 28 de mayo. Noche fría invernal. Fin de mes. Llevo campera y bufanda. Y hay poca gente en la calle. Más de uno habrá dicho: - “Pero que fea fecha eligieron para tocar en un bar”, pero Rie y su ambiente cálido le dio un buen color al fin de semana.
La bienvenida al bar -ex casona remodelada-  con luces bajas, mesitas de dos personas, barra con cerveza tirada y ricos aromas desglosándose de la cocina hicieron por un rato que no importe que: “-Mañana es lunes”. Al fondo un escenario pequeño con pared de ladrillo a la vista en uno de sus lados, piso de madera, cortina roja atrás y un cuadrito de bordes dorados en el centro arriba que decía “RIE”. En el escenario cuatro músicos, con vestuario informal, probando sonido.
Presente continuo está compuesta por Juan Miguel Gonzalez (bajo y composición), Alessandro Juarez (batería), Alejandra Leoz (teclado) y Luis Mauregui (guitarra). Se inició en 2016 con el objetivo de hacer música original, instrumental, con sonoridad eléctrica y con espacio para improvisar sobre formas establecidas.
Después de una charla bizarrísima con Luis, el guitarrista, subieron a tocar alrededor de las 21.30 horas. El bajista fue el presentador de la banda y de todos los temas. Escuchamos versiones de jazz instrumentales originales del compositor, sesionista y profesor de bajo Juan Miguel Gonzalez: Dice, Domingus, Rent, East Erika, You and me y The days are getting shorter. También algunas versiones de jazz como uno de Mal Waldrow que se llama Warm Canto y uno de Charles Mingus que se llama Ecclusiastics, anunciándolos humildemente como “esto es lo mejor que tocamos”.
Demostraron muy buena técnica y que se entienden entre ellos como músicos. Noté mucho ensayo en estudio y que suelen tocar en vivo, por lo menos, cada integrante por separado porque me comentaron al finalizar el show, mientras cenaban pizza, que está es su segunda presentación con esta formación.
La verdad es que disfruté mucho de la noche. Fue un poco molesto que las meseras pasaran bastante seguido abriendo y cerrando la puerta para ir al patio (la próxima debo elegir mejor ubicación porque me distraía un poco). Sacando esa anécdota, igualmente me divertí. Fue una buena previa para arrancar la semana bien cargada de buena vibra. Mis temas preferidos, de los que interpretaron, fueron: Dice con la que abrieron la fecha, Rent y East Erika (la que invito a escuchar a los curiosos, hay algunos videos por Youtube) en la que parece que discuten o dialogan una estrofa de funk con otra de jazz.
Escuché música de calidad, acompañada de una pinta rubia Golden y exquisita hamburguesa casera (las cuales recomiendo probar si pasan por el bar bernalense Rie).

Personalmente quiero volver a escucharlos en vivo, ojalá les sigan saliendo fechas para tocar y por los pagos el sur. Presente continuo, una fina e interesante fusión de funk y jazz en un tiempo verbal bien plantado.