jueves, 24 de abril de 2014

Diseño estampa Company para ROLL ARG

Diseño original

Estampa sobre jersey de viscosa/poliéster


Diseño para chancho alcancía







Diseño de calavera para indumentaria Roll Arg

Diseño original



Diseño bordado sobre denim




Diseño estampado serigráfico con plastisol planchado sobre jersey de algodón






Estampa CANDY para Roll Arg



 



Modelo vivo






Jornada de modelo vivo
Escuela de Arte Sótano Blanco
22-02-2014

Diseño para portada de facebook


Regalo para mi papá


Técnica: Acuarela y lápiz acuarelable sobre papel.
Año: 2014

"Los Bautismos" Poemas de Vicente Sombra

"Los Bautismos" Poemas de Vicente Sombra 
Próximamente editado por Editorial la otra vereda









Vampirito

"Vampirito" - Dibujo vectorial



Boceto

Tiki


Tiki - Óleo sobre papel


Perisodáctilo







Nombre: Perisodáctilo

Técnica: Óleo y barniz sobre madera

Autora: Carla Miranda

Año: 2013

VESTIDO BRAVE CON ESTAMPA CORAZÓN Y GOLONDRINAS






Créditos
Foto: Andrés Jeromín
www.facebook.com/andres.jeromin.5
Modelo: Noelia Brychta
www.facebook.com/noe.brychta
Peinado y Maquillaje: Vanesa Jeromín
www.facebook.com/vans.jero
Indumentaria y Accesorios: Carla Miranda - Diseñadora Colección Dama en Roll Arg
www.linkedin.com/profile/edit?trk=hb_tab_pro_top
Locación: Plaza Intendente Seeber, Palermo -Buenos Aires

Mi versión de Belladonna




Técnica: Estilógrafos sobre papel.

¿De qué hablamos cuándo hablamos de Chagas?




Gato con botas






Ilustraciones que envié para un concurso de Fixionaria El Gato con Botas
Técnica: Acuarela y retoque digital

“Un tren rompiendo la noche y un cadáver al costado.”

Nota: Este relato surgió como ejercicio de taller literario, la consigna era crear un relato a partir de la escena: “Un tren rompiendo la noche y un cadáver al costado.”
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Un tren antiguo me lleva hacia el pueblo de mis abuelos. Ya llevo cuatro horas de viaje. La vista por la ventanilla es bastante monótona. Sólo llanura, vacas y algún que otro paisano a caballo o a pie pasando a lo lejos. Igualmente ya casi no se percibe nada porque está anocheciendo. Viajo sola. Creo que si hubiera compartido este viaje con mi hermana la charla haría pasar el tiempo más rápido pero me perdería los detalles del recorrido. Así me gusta más, veo detalles, la cabeza trabaja al mismo ritmo que el avance del tren. Luego creo que me quedo dormida. Una luz y ruido intenso de otro tren rompiendo la noche me despierta exaltada. Por un momento pierdo noción de dónde estoy, giro la cabeza de un lado a otro analizando el espacio. Hasta que veo una estación por la ventana. Me tranquilizo. Recuerdo que estoy en viaje. Estoy a una estación de llegar a destino. Ya más calma, suspiro mientras dejo caer mi cuerpo hacia atrás acomodándome en el duro asiento de la cabina. Escucho acercarse un murmullo en el pasillo que va incrementando gradualmente el volumen a medida que se aproximan personas a mi cabina. No entiendo sobre que hablan pero parecen estar exaltados. Me acerco a la puerta prestando más atención. Abro los ojos sorprendida al lograr escuchar algo claramente. Al parecer a una mujer le pareció ver a una persona tirada al costado de la vía a la altura de la estación anterior.

Video

Llueve. Más bien llovizna. Las gotitas se pegan en los anteojos de Claudia y no puede visualizar bien cual colectivo es el que se está acercando. Hace frío. Es Mayo. El rocío humedece sus pantalones y los congela. Las prendas se le pegan al cuerpo y le parece que estuvieran pesadas. La humedad es insoportable. Pasa un colectivo y no era el 22. Sigue la espera. El colectivo 98 pasa con 2 o 3 pasajeros, a paso lento y silbando en la noche.
Claudia está inquieta. Sube y baja el cordón de la vereda. A veces baja sólo el pie derecho y se balancea de lado a lado como una nena pequeña. Intenta moverse para mantener el calor, mientras el colectivo sigue sin pasar. La panza de Claudia rezonga, tiene hambre. Y eso que hace no más de tres horas que merendó con su amiga María en la cafetería en la que se reúnen todos los jueves. Claudia saca el celular de su bolsillo y relojéa la hora. Son las diez y cuarto. Como está aburriéndose se pone a filmar con su celular. Está un poco oscuro pero la luz le sirve. No pasa nada inusual, la noche está bastante calma. Pasan algunos autos, taxis, motos, un chico andando en bici mojándose todo, no lleva piloto ni botas. Ve a una parejita de novios cruzar corriendo la calle. En la esquina un taxista les toca bocina y les grita algo enojado.  De repente en la fila de la parada todos se ponen a alerta. De la otra esquina asoma el cartel luminoso rojo que dice “22”. Colectivo verde agua se va acercando. Claudia no deja de filmar y con la mano libre, la zurda, se palpa todos los bolsillos de a uno hasta dar con las monedas. Deja de prestar atención a lo que filma, ya que las monedas están en el bolsillo opuesto y no puede lograr sacar la plata para pagar el pasaje. Mientras su celular sigue filmando. Cuando está por subir al colectivo se le resbalan las monedas. Un chico le ayuda a juntarlas. Le agradece. Finalmente suben ambos al transporte público, abonan el pasaje y se sientan en lugares distantes. Claudia se da cuenta de que la cámara sigue encendida y no la detiene. Abre un poco la ventanilla y filma el trayecto desde Casa rosada hasta El Cabildo. Un vendedor la distrae para ofrecerle chocolates que rechaza. Detiene la filmación y cierra la ventanilla. Se pone los auriculares que sacó de la mochila. Observa a los demás pasajeros. La mayoría están acomodándose  para dormir, es un largo viaje hasta zona sur, otros están leyendo o escuchan música. Solo una parejita va charlando, pero hablan con susurros. El chico que le ayudó con las monedas tiene una campera azul holgada y se sentó más adelante que ella. Se ve un poco agitado. El vendedor de golosinas hablando es casi lo único que se escucha y el silbidito del colectivo cuando arranca o frena. Es un viaje tranquilo. Claudia reproduce el video que filmó mientras estaba aburrida esperando el colectivo. Mientras, sacude las piernas y se las refriega porque todavía tiene el cuerpo helado. Piensa por un momento que es bueno que nadie haya abierto las ventanillas. Lo único que quiere es llegar a su casa, beber algo caliente, mirar un poco de televisión quizás metida en la cama.
El video es bastante aburrido al principio y se ve oscuro, ya que había poca luz en la calle. Primero hay autos pasando, luego un par de gotas se pegan en el visor con lo cual algunas partes de la imagen se ven borrosas, pasa la parejita corriendo, escucha los insultos del taxista y Claudia lanza una carcajada. Luego se tapa la boca porque levanta la vista y se da cuenta de que el colectivo está en silencio con lo cual le da un poco de vergüenza haberse reído en un volumen tan alto. Algunos pasajeros voltearon a verla. El chico de campera azul también. Claudia vuelve a concentrarse en la filmación.
El video transcurre tranquilo hasta que se empieza a acercar el 22. En un momento la cámara filmó el piso, fue cuando buscaba las monedas y se le cayeron.
Algo le parece raro en la imagen y detiene el video. Retrocede lo vuelve a mirar. Es confuso, poca luz, el visor empañado por las gotas. Pero ansiosa pone pausa y observa la imagen con mayor detenimiento. Retrocede lo vuelve a mirar y pone pausa otra vez. La imagen no es nítida. Acerca la mirada extrañada al celular. Y si ¡No le quedaban más dudas!. La cara de Claudia, que había recuperado un poco de color rojizo, se torna más pálida de lo que estaba antes por el frío. Está segura de haber visto en la imagen pausada del video un cuchillo. Vió caer un cuchillo ensangrentado al piso.
Inmediatamente al llegar a esta conclusión. Levantó la mirada bruscamente, y bajó el celular hacia su costado derecho del cuerpo tensa. Su mirada se fijó en una dirección: Hacia delante a la derecha, en un asiento de dos personas, del lado del pasillo, sabe que hay un asesino sentado viajando en el colectivo, siguiente conclusión. En ese instante el chico de campera azul se dio vuelta fugazmente y la miró directo a los ojos. El terror invadió a Claudia. Sintió como si la hubiesen descubierto.
El colectivo ya estaba por Barracas, todavía no había cruzado el puente Pueyrredón hacia Avellaneda cuando Claudia recordó que su tía Rosa vivía por esa zona. Pensó que tenía que bajarse del transporte público inmediatamente. Y eso hizo.
Se paro repentinamente y avanzó rápido hacia la puerta de descenso trasera. Tocó el timbre. Los nervios y ansiedad hicieron que el toque suene largo y fuerte, con lo cual el chofer la miró con mala cara por el espejo.
Se detuvo el colectivo lejos de la parada y se abrió la puerta. Estaba todo inundado, se mojó hasta la rodilla al bajar y subiendo al cordón de la vereda. Prestando atención a donde pisar, no se dió cuenta de que alguien más bajó detrás de ella.
Claudia buscó refugio en la entrada de un edificio. Se resfregó un poco el jean, pero ya estaba muy mojado y embarrado. Cuando levantó la mirada se sobresaltó de un susto ya que hacia delante a pocos metros de ella estaba parado, abajo de la lluvia intensa, el chico de la campera azul del colectivo con un cuchillo en su mano derecha. Comenzó a acercarse hacia ella lentamente. Claudia miró hacia los costados girando su cabeza de lado a lado buscando una escapatoria o alguien que la pueda socorrer. Pero no pasaba nadie. Ni caminando, tampoco autos, ni motos. Sólo veía una luz roja parapadeante de frente a ella desde la mano izquierda de su atacante. Claudia entró en pánico y se paralizó, no emitió sonido.
Lo único que podía hacer era mirarlo. Lo miró fijo a la cara con los ojos llorosos, ya lo tenía encima. No tenía a donde escapar, quedó acorralada en el palier del edificio. No grito, no dijo una palabra tampoco. Entonces fue cuando sintió un dolor intenso en el abdomen. Luego, todo se volvió blanco. El hombre quitó el cuchillo bruscamente hacia atrás y apagó su cámara.



Reflexiones

La próxima revolución debiera ser liberarnos de las máquinas, liberarnos del control sobre los cuerpos, reencontrarnos, reunir la "tribu", ENCONTRARNOS POR PRIMERA VEZ, conectar, es una necesidad humana insatisfecha por el chat.

BOM DELTA

SUEÑO
NOCHE
ARMÓNICA
BLUES
ESTRELLAS
COSMOS SENSORIAL
SONIDO AMPLIFICADO
PAZ, ARMONÍA, EMPATÍA
SENSUALIDAD
MÁS BLUES
RISAS, ANÉCDOTAS, CHARLAS
TRAGOS Y CERVEZA
EMPANADAS DE CARNE ESPECIALES
LUNA
VOLVER
MANEJAR
DORMIR

ROSAL



PIZZERÍA DE ESTACIÓN
ROSAL
SIEMPRE ABIERTO 
MESITA AL AIRE LIBRE
SILLA PLEGABLE DE LONA
SERVILLETA QUE NO SECA
SEÑOR CON PANTALÓN MARRÓN CON TIRO HASTA EL CUELLO
MANOLO Y SU HIJO, ATENDIDO POR SUS DUEÑOS
UNA DE MUZZA GRANDE POR FAVOR, 3 FAINA Y CERVEZA NEGRA DE LITRO
POSTER DE ESPAÑA Y UNA BAILARINA DE FLAMENCO
FOTOS AMARILLAS Y NARANJAS
ARBOLITO NAVIDEÑO CON ROSAS
BAÑO CON AZULEJOS ROSAS Y MOSCAS
HELADO LA MONTEVIDEANA
¿CUÁNTO TE DEBO?

Bolsas blancas (Primera parte)

Quilmes, 4 de septiembre de 2010

DIARIO “EL QUILMEÑO”

MISTERIOSA DESAPARICIÓN DE DIRECTOR DE CINE AMATEUR LOCAL
La policía investiga si Sergio González, director de cortos gauchescos fue asesinado

Pasaron tres semanas desde que su hermana hiciera la denuncia. No se sabe nada de su paradero. El director de cine presentó su último film “El fin de Recabarren”, basado un cuento corto de Borges “El fin” y el “Martín  Fierro” de José Hernández, el pasado 20 de agosto en el sexto festival de Cine Under. Su película tuvo una excelente recepción del público a pesar de que los gauchos “pasaron de moda”. La policía no tiene ningún indicio. Sospechan de un posible fanático. Era la primera vez que el festival pasaba un largo, es famoso por promover la producción de cortos fílmicos en la región.

Son las tres de la mañana cuando suena el teléfono del comisario y detective José Jimenez.
Recostado boca abajo manotea el teléfono:
-¿Pancho? – dice una voz familiar.
-Seeee… ¿Quién es? – dice el comisario.
-Venite a la comisaría ¡urgente! Desapareció tu sobrino…No se fugó, parece que lo mataron pero no lo encuentran por ningún lado.
Pancho se levantó perezosamente, se acomodó sentado en la cama. Se puso las manos en la cara tratando de desperezarse y le respondió:
-Banca que me cambio y ¡ya salgo payá!

Se levantó y fue al baño, pensaba que no le gustaba que le dijeran Pancho, aunque lo era. Era una persona de poca reacción. Si lo apuraban se tomaba un mate primero y después salía. Pero era muy bueno detectando mentiras y en los interrogatorios. Por eso correr chorros y andar por la calle no era lo suyo, y lo sentaron a entrevistar sospechosos.

Ya en la comisaría le pasaron los pocos datos que tenían. Su sobrino, Sergio, ya no tenía a sus padres. La mamá había fallecido de cáncer hace 10 años y su hermano Ernesto, papá de Sergio, no aguantó la soledad y se pegó un tiro. Episodio que Sergio, y su hermana Laura, nunca superaron del todo. Pancho se había convertido en su referente para todo. Por eso cuando Pancho llegó a la comisaría y encontró a Laura llorando algo adentro se le partió. Laura no estaba sola. Estaba con Ana, esposa de Sergio, que Pancho notó muy tranquilita.
-No pasa nada Laurita, seguro que anda de viaje “El Sergio”. –dijo el policía José para calmar a Laura. Y volteándose a mirar a Ana dijo: -A vos te veo re pancha Anita ¿estás bien?
-Es que no me quiero adelantar a los hechos. La gente anda diciendo que a Sergio lo mataron, pero a mi hasta que no me traigan el cuerpo no me lo creo. Por ahí tenía otra… tarde o temprano la tienen…Tantas actrices, tantos castings…para mí se fugó con otra, pero hay que esperar a ver que averiguan ustedes ¿no Panchito? – dijo con sarcasmo Ana.


A Pancho nunca le cayó bien esa “víbora”, como solía referirse a Ana. Siempre le pareció una vividora y que no lo amaba a Sergio. Pero lo que más le molestaba de Ana era que era poco o casi nada femenina. Cuando Sergio y Ana se casaron, fueron a vivir a la casa de los abuelos maternos de Sergio, que Pancho nada tenía que ver ahí. Pero esa casa: antigua, chalecito, era donde Sergio y Laura prácticamente se criaron jugando, escondiéndose detrás del piano de cola de la abuela Nelly o amasando pasta para tallarines los domingos en la mesa larga de panadero que se encontraba en el living. Ana al mes de casados revoleó todos los muebles a la calle o los vendió junto con cuanto juguete viejo se le cruzó en la limpieza. Sergio nunca le perdonó eso y que regalara el tocadiscos. Lo único que safó fue el proyector de Super 8. Y Sergio le pidió a su tío Pancho que se lo escondiera en su casa.

Promesas

¿Qué es una promesa?
Es una obligación, una voluntad de cumplir algo.
"Mañana te veo", "mañana hablamos", "mañana me importarás más que hoy". Mañana, mañana, mañana.
La realidad es que una promesa no sirve. Quedate hoy, hace, divertite, compartí. Porque mañana te prometo que no voy a estar, si hoy no lo vivís conmigo.
Por favor no más "Te prometo que..."

Estrellas

Las estrellas necesitan distancia entre ellas
para que su brillo no opaque el de la otra.
Si se unieran, destellarían tanta luz
que el mundo enceguecería y no podría metabolizarlas.
Así de poderosa es la energía que irradian.
Entonces ellas ya no podían seguir siendo amigas.

Viaje a San Luis

Nota: Este relato surgió como ejercicio del taller.
Consigna/Idea del cuento: Ustedes van en un micro, viaje de larga distancia, sentados junto a alguien del cual se dan cuenta que es un asesino buscado. Solo ustedes se dan cuenta de esto.

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Viaje a San Luis

Hoy me levanté como todos los lunes. Medio de mala gana, toda despeinada, sin saber del todo donde estoy parada. La diferencia es que hoy viajo a  San Luis. Pero todavía no estoy lo suficientemente despierta y conciente para darme cuenta de eso. Me levanto y camino dando tumbos en dirección  a la cocina. Saco de la heladera una botella de jugo de naranja, nada natural, y bebo del pico. Dejo la botella en la mesada y de camino al baño prendo la televisión. Me lavo los dientes, mientras de fondo, se escuchan las noticias. Un comisario detenido por coimas, es el cumpleaños del Papa, un perro Labrador rescató a un bebé de ahogarse en un lago de Bariloche, y no retengo el nombre del lago; un preso se escapó de la cárcel de Devoto, tiene tatuajes y una cicatriz en el rostro y el resumen continúa. Enjuago mi boca y sonrío en el espejo. – Perfecto – digo. Y voy a mi dormitorio. Meto un par de zapatos en la valija y la cierro dificultosamente porque está muy cargada. Antes de cambiarme, vuelvo a la cocina y caliento agua para el termo. Es que no me gusta no tener para el mate en los viajes largos. Después me termino de cambiar. Llevo jeans, remera con la lengua de los Rolling Stones, una campera liviana y lentes de sol. En mi bolso de mano meto un libro de Kawabata que no terminé de leer y bajo por ascensor a esperar el taxi en el hall del edificio. Vivo en un noveno piso en Almagro. El coche no tarda mucho en llegar e ir en camino a  Retiro. El chofer después de contarme una versión resumida de su mal de amores y mencionar el clima unas cuatro veces intentando sacarme palabra, llega a Retiro y me arranca la cabeza. Me cobra una fortuna, le pago y me bajo refunfuñando.
Ya en la plataforma de salidas, me pongo en la cola del número 17. Empresa Condorcito. Mi pasaje lo tengo en mano. No somos muchos en la fila esperando, apenas unas 15 personas. El micro llega bastante puntual. Yo bostezo. Una señora va adelante mío con dos bolsos gigantes. Un hombre atrás mío me asusta cuando dice enojado y con voz gruesa: ¡Señorita! ¡Puede avanzar!. Yo me exalto, otra vez no se donde estoy parada. Rápido busco el bolso, lo levanto del piso y me muevo. Freno me doy vuelta y le digo: - Disculpe señor, estoy un poco dormida. Hasta ese momento en que le hablé,  no había podido verlo en detalle. El extraño hombre contestó como con un gruñido y entre dientes le entendí que dijo algo muy grosero. Y ahí mi cara cambió. Me quedé perpleja con su respuesta. Es ahí cuando lo miro con detenimiento unos minutos. Trae ropa muy desprolija y sucia. Una campera de Jean Wrangler, borceguíes y pantalón de gabardina. El pelo lo lleva largo, es castaño oscuro y enrulado. Además lo tiene enredado como si hace años no usara un peine. En la ceja derecha tiene un corte. La cicatriz parece antigua y los labios los tiene resecos, probablemente del frío. Yo le contesto de muy mala gana: - No hacía falta ser grosero señor, no lo hice a propósito y le pedí disculpas.
El hombre me dice: No jodas flaca y caminá. Mientras se toca la cara como refregándose o limpiándosela de una sola pasada de arriba hacia abajo con la mano derecha. Observo que tiene tatuajes en sus manos. Uno de los dibujos me recuerda uno que vi en un documental de Tumberos y la vida en la cárcel que pasaron por la tele alguna vez. Me sobresalto cuando deduzco que este hombre probablemente estuvo preso.
La cola vuelve a avanzar y yo avanzo veloz esta vez. Giro un poquito la cabeza hacia atrás y digo: Ve señor, ¡ya estoy bien despierta!. Y el señor de atrás me dice: Que bueno flaca. Ahora dejá de hablarme o el vigilante de allá – dice señalando con la cabeza a un policía – se va a acercar y no te van a quedar más ganas de dormir en un mes del bife que te voy a dar.
Yo empecé a asustarme. La cola avanzó nuevamente y el chofer me pidió el boleto.
-Asiento 14. –Dijo – Es arriba. Tome – Me dijo extendiéndome un papel. Le colocó otro papel autoadhesivo con el mismo número a mi valija y la guardaron con las de los otros pasajeros. –Este papel es para retirar la valija, no lo pierda. – Terminó por decirme. Entonces subí al micro. Cuando estaba encarando la escalera escucho: - Asiento 15 señor, es junto a las señorita que acaba de subir. – Era la misma voz del chofer que cortó mi boleto. Escucho eso y me detengo en la escalera. No lo puedo creer, voy a  tener que viajar con ese hombre tan vulgar y malhablado al lado mío, todo el viaje. Finalmente termino de subir y busco mi asiento. Tengo miedo, no sé bien como actuar. Quiero compartir mi miedo con alguien, pero con quién. En quien puedo confiar no tengo certezas. Cuando estoy decidiendo si sentarme o no. De mi costado izquierdo una valija me pega en la rodilla. Giro la cabeza y es el señor de la fila otra vez. – Permiso me voy a sentar chiquita. ¿Querés ventanilla o pasillo?, ya sé que nos toca juntos el viaje. Espero que no seas de las que habla mucho, porque quiero dormir.
Yo me quedo sin saber que contestar pero igualmente lo dejo pasar y le digo en volumen bajito y tartamudeando: - Bueno emmm...… me quedo en el del pasillo. Por favor no me haga nada si estuvo preso o matóa a alguien yo no digo nada. Soy una tumba.
- Sh… callate y más te vale. La última que abrió la boca estiró la pata. ¿Vos no querés terminar igual no?- Dijo mientras se iba metiendo entre los asientos para sentarse hasta acomodarse del lado de la ventana.
Yo niego con la cabeza y hago un gesto como cerrando la boca con un cierre.
Me siento al lado de este hombre ya con terror corriéndome por el cuerpo. Pongo mi equipo de mate entre las rodillas y mi postura es rígida. Estoy tensa, no sé cómo actuar, que decir, que no decir.
Él sin embargo, está relajadísimo. Parece que estuviera feliz con sentarse, como si no tocara un sillón acolchonado hace siglos. Y me pidió que prepare mate, porque vió que tenía el equipo. No era muy difícil notarlo. Le digo que el agua está fría y acepta la respuesta. Obviamente es mentira. No quiero compartir bombilla con este sujeto. Quién sabe qué gérmenes tendrá este individuo que yo ya asumí y prejuzgue que indudablemente es un ex presidiario.
El hombre aún sin nombre comenzó a hablar sólo. Hablaba sobre muchas cosas pero eran incoherencias. Nombraba gente por apodos, amigos o gente de la cárcel, supuse. El Pili, El choli, Tuerca, Polaquito, Ruso, Diente, parecía que ninguno hubiese tenido madre y padre que les diera un nombre, la calle o la cárcel los rebautizó.
Yo seguía tensa, pero asentía con la cabeza como que le seguía la charla aunque no entendiera nada.
Entonces me preguntó: -¿Tas casada vos?
Y yo entre mi aturdimiento y el miedo tardé en contestar pero dije –No, no. - Le respondí.
-Yo si, va…estuve. - Me dijo el sujeto.
- Y entonces, ¿Qué? ¿Está divorciado? - Le pregunte curiosa.
- Algo así se podría decir. – Y soltó una carcajada. - Separados de por vida. Soy viudo. -Me respondió.
Y yo comencé a sospechar de cuál había sido el delito que había puesto tras las rejas a mi interlocutor.
-Che perdón, yo no te pregunté tu nombre flaca.- Continuó. - Me llamo Facundo pero todos me dicen Tato. Y disculpá por las puteadas viste, pero me estaba poniendo nervioso el cana antes de subir.

-Ok, si entiendo señor… yo soy Laura, no voy a decir nada, si quiere hablo bajito. Igual no tenemos pasajeros cerca. No va muy lleno el micro, casi todos están abajo. ¿Me querés contar algo? - Dije.

Pelusa

Nota: Este relato surgió como ejercicio del taller, la consigna era crear un personaje literario.
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Pelusa

Es de día, camino junto a mi perro Mosca por la calle. Llevo mi carro en el que junto cartones. Está muy pesado. Por suerte, falta poquito para la hora del almuerzo, la panza no me deja de rugir. Pobres tripas no prueban comida desde ayer a la mañana. Los lunes vuelvo a comer bien. Por eso digo que falta poco para comer. Hoy es Lunes y la vecina Elba seguro que me está terminando de preparar la vianda. Elba es viejita y jubilada. Ya no tiene nietos o sobrinos que la visiten, su familia vive lejos en otro país. Vive sola cerca de la placita en la que descanso al mediodía con mi familia.  Ahí ni la policía, ni los de vigilancia nos molestan, saben que somos buena gente, que somos trabajadores y nos la rebuscamos como podemos. Vivir en la calle no es nada fácil, sobretodo en el invierno. Acá en el sur fuimos de los primeros en vivir, trabajar y dormir en la calle. Cerca del río y sin edificios, se hace difícil encontrar lugar para pasar la noche. No hace tanto “calor de ciudad” como en la capital. Allá nunca hay escarcha porque el asfalto muy pocas veces se enfría.
Ya llegamos a la plaza. Mi compañera me espera con nuestro hijo, Lautarito, de la mano. Entonces Mosca corre rápido en dirección hacia ellos y les hace una fiesta. Mueve la cola y todo su cuerpito sarnoso dando giros de contento. Yo llego después, los abrazo. Le digo que estoy muy cansado. Al rato se acerca Elba. Viene caminando despacito como siempre. Trae una maceta con una planta de tomatitos cherry y una bolsa de mandados cargada.
- Holaaaa, les traje unos sandwiches que preparé con milanesa, lechuga y mucha mayonesa como me pide Lauti siempre- . Dice mientras se termina de acercar.
-Hola Elbita. ¡Que bueno! ¡Como me gusta! ¡Gracias!. Le dice Lautaro.
Elba apoya la maceta en un banco de la plaza cerca de nosotros y me entrega la bolsa.
-De nada Lauti. Bueno coman tranquilos, los dejo en familia- . Dice Elba.
Yo le doy un beso, la agarro de los hombros y mirándola a la cara fijo le digo que ya no se como agradecerle que sea así de buena. Que algún día le quiero devolver el favor.
Le prometo que esta semana le voy a arreglar la persiana que tanto le cuesta subir. Es que, a veces, le ayudo con el mantenimiento de su casa cuando hay poco papel y cartón para juntar por la calle. Ella me sonríe, me da un beso ruidoso en el cachete. Entonces yo la suelto, se da vuelta y se va despacito caminando en dirección a su casa.

Hoy, dos días después de los sandwiches de milanesa, hablo con el barrendero de la plaza. Él me desayuna con la noticia de que ese día Lunes, suponen que a la tarde, Elbita tuvo un infarto y falleció. Se dió cuenta el vecino Aldo, porque escuchó al gato maullando toda la mañana del Martes. Se asomó a la parecita y la vió en el piso del patio tirada, con el gatito al lado chillando de hambre. Así que pobrecita estuvo toda una noche tirada ahí. Hoy no quiero caminar, ni buscar cartones. Hoy quiero llorar. 

Crítica, reseña y comentarios sobre Winter's bone

Nota: Este relato surgió como ejercicio del taller después de ver la película del mismo título, la consigna era escribir una crítica, reseña o comentario sobre lo visto para ejercitar sobre crítica de cine.
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Winter's Bone
Por Carla Miranda

Ree Dolly tiene 17 años, vive con sus hermanos menores y su madre enferma discapacitada psiquiátrica. Ella es el sostén de la casa al borde de la miseria y en un durísimo invierno. Se encuentra con la noticia de que su padre está libre de prisión hasta la fecha de su juicio por cocinar metanfetaminas. Para salir en libertad dió como garantía la casa en la que viven. No saben de su paradero y si él no se presenta al juicio perderán su hogar. Desde ese momento Ree comienza a buscarlo, metiéndose en la red de narcos del pueblo y con familiares a los que teme. El género es suspenso pero podría catalogarse como un policial, ya que Ree cumple un rol de detective o investigador.
Lo que me pareció interesante de la temática de las drogas y el narcotráfico es que transcurre en un escenario al que no estamos acostumbrados a asociarlo por lo menos en el cine, que son los pueblos, y familias metidas en el negocio.
Otra perspectiva interesante es el de generar suspenso y horror en situaciones que podríamos tener en nuestra vida cotidiana. Ree termina de entrar a la adultez de forma abrupta, traumática. Es una heroína que podemos encontrar en la vida real. Es terror en el día a día, lo que les pasa podría pasarle a cualquiera.

Durante la mayor parte de la película ronda la idea de que es ser “héroe”. La protagonista piensa que enrolándose en el ejército además de ser una heroína para su nación, también lo sería para su familia llevando dinero para que puedan alimentarse, cuando en realidad el verdadero desafío es quedarse en casa cuidando a su familia y resolviendo los problemas del día a día. Es más heroína “poniéndose los pantalones” de la casa y enseñándoles a sobrevivir a sus hermanos.




Trailer


Rapport Camouflage



Patrón para portada de facebook

Textiles para Festival de Tango



Textiles para Festival de Tango 



Trabajo realizado en Diseño textil 1 Cátedra Camargo Año 2007




Son textiles para indumentaria y decoración de un evento de Tango ficticio

Diseño de patrón/rapport para bikini




Bikini étnico con Estampa Avalon para Roll Arg



Diseño de estampa para remera de dama


Original del "Virgen y Rosas" 
Dibujo vectorial que realicé en Ilustrator para estampar una remeras de dama 
Colección Primavera /Verano 2012 de Roll Arg








Remera con Estampa "Virgen y rosas" para "Roll Arg"
Técnica: Serigrafía